Cómo la tutela de EE. UU. molesta más a los venezolanos, mientras la crisis económica no termina
El estancamiento económico es uno de los temas de conversación —y angustia— más frecuentes en las calles.
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La tutela estadounidense se prolonga sobre Venezuela. Con ella crece entre la gente una sensación de espera difícil de describir: una enorme expectativa de mejoras económicas y de una transición a la democracia que todavía no se concreta.
La impaciencia cunde, sobre todo entre las élites políticas. La producción petrolera aumenta, impulsada por nuevas licencias de explotación que otorga Washington, pero el excedente no se traduce en ingresos para el fisco. La moneda se deprecia sin pausa.
El estancamiento económico es uno de los temas de conversación —y angustia— más frecuentes en las calles de Caracas. A diferencia de lo que dijo Donald Trump, los venezolanos no están bailando de alegría por las calles.
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"Lo que les da la gana"
“Los gringos hacen lo que les da la gana y aquí nadie dice nada”, dice Gregoria Acosta, residente de Petare, una extensa zona popular al este de Caracas. “Las cosas dizque iban a mejorar, y ese dólar está peor que nunca. Yo lo que creo es que esos tipos se quieren llevar el petróleo”, afirma.
Los jueves y viernes se ha vuelto frecuente que familiares de presos políticos, activistas, sindicalistas y maestros no marchen al centro de Caracas —donde están los poderes públicos— sino a la embajada estadounidense, en el barrio de Valle Arriba, para interpelar al encargado de negocios John Barrett o pedir que Washington interceda por mejoras salariales y un cronograma electoral.
“Llegaron los gringos y comenzaron las promesas de que las cosas iban a mejorar”, dice Roberto Tovar, fontanero de Chapellín, un barrio popular enclavado entre zonas de clase media en el centro-norte de Caracas. “Esto no mejora: empeora cada día. Hasta he pensado en volver a emigrar”.
“La producción petrolera está aumentando, pero la moneda se continúa depreciando todos los días y la inflación se acelera”, escribió en X Ricardo Hausmann, economista venezolano y académico de Harvard, al comentar cómo maneja Washington los ingresos petroleros del país. “No es demasiado el dinero que está entrando a Caracas.”
“Venezuela no está donde el gobierno de los Estados Unidos quisiera, pero va en la dirección correcta”, dijo el secretario de Estado Marco Rubio en una comparecencia reciente ante la Cámara.
“Nuestra prioridad ha sido la estabilización. No queríamos una guerra civil o una nueva migración masiva. Hay que ir despacio. Eso requiere trabajar con las instituciones existentes, no para perpetuarlas, sino para evitar un colapso”, agregó.
Rubio añadió que el excedente petrolero debe pasar por una auditoría antes de ingresar a la economía venezolana: “La recuperación económica de Venezuela va a tomar tiempo”.
El "Niño Guerrero"
La noticia del aniquilamiento de El Niño Guerrero —jefe de El Tren de Aragua, la organización criminal de origen venezolano con presencia en varios países— anunciada por el propio Trump fue recibida en Caracas con incredulidad y sorna.
Se comenta la “estrecha colaboración” que Washington atribuye al Gobierno de Delcy Rodríguez en la operación, y la libertad con que las fuerzas armadas estadounidenses actúan en territorio venezolano.
Otro de los episodios más comentados ha sido el del pasado 23 de mayo, cuando aeronaves militares estadounidenses cruzaron los cielos de Caracas y aterrizaron cerca de la embajada. Días después, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, había visitado el país en ausencia de Delcy Rodríguez, que estaba de visita en la India.
Algunos políticos de la oposición llaman a Washington en privado “el tutor”. En sectores críticos del chavismo, la palabra es “los tutelados”. Los radicales ya no se ahorran críticas a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, cuya administración ha aceptado con llamativa docilidad las disposiciones de Washington.
Reclamos del chavismo
Dirigentes históricos del Partido Socialista Unido de Venezuela, como Elías Jaua —exvicepresidente y hombre de confianza de Hugo Chávez— han llamado a la militancia a organizarse contra la tutela.
La Coordinadora Simón Bolívar —núcleo fundacional de los “colectivos”, milicias civiles armadas leales a la revolución con presencia en todo el país— emitió un comunicado que denuncia “un país asediado por las corporaciones internacionales, invadido por los mercenarios del capital y agredido militarmente” y llama a sus militantes a resistir.
Los funcionarios de Washington entran y salen del país dejando disposiciones sobre las nuevas leyes petroleras, energéticas y mineras que la Asamblea Nacional ha ido aprobando.
Las conversaciones entre ambos gobiernos no versan sobre democracia ni derechos humanos. Van al grano: seguridad, mejores condiciones para la inversión privada, menos regalías para el Estado, retornos para el capital internacional.
“La normalización operativa —licencias, energía, minería, seguridad y contratos— continúa avanzando mucho más rápido que una arquitectura democrática verificable”, escribió en X Benigno Alarcón, abogado y analista político venezolano.
“El riesgo principal sigue siendo que el régimen avance en su estabilización y logre sustituir la transición por una normalización. Que logre cooptar las relaciones con los Estados Unidos”, agregó.
En la dirigencia opositora, la tutela estadounidense tiende a verse como algo temporal y necesario. Con unas elecciones libres y la restauración de la soberanía popular, afirman dirigentes como Juan Pablo Guanipa o Andrés Velásquez, las cosas volverían a la normalidad y Estados Unidos se marcharía.
El plan de tres fases de Rubio —estabilización, recuperación y transición— sigue siendo la hoja de ruta de referencia para la oposición. “Hemos discutido y aprobado una hoja de ruta en la Plataforma que marcha al compás de lo que ha dicho Marco Rubio, sobre eso no hay ningún misterio”, dice Delsa Solórzano, líder de Encuentro Ciudadano y una de las figuras principales de la Plataforma Unitaria. “Nos reunimos en Panamá y llegamos a importantes acuerdos, los que están fuera del país y los que seguimos aquí. La presencia de ellos es necesaria en esta etapa. Nuestro primer objetivo es regresar a la democracia”.
Pérdida de soberanía
“La pérdida de soberanía es un tema muy serio que todo el mundo rehúye enfrentar”, dice Andrés Caleca, dirigente del partido Movimiento por Venezuela. “Los 27 años de chavismo significaron la destrucción de la República. La violación de la soberanía venezolana tiene mucho tiempo: el control del aparato represivo y de la propia Fuerza Armada ha sido cubano. Lo vimos el 3 de enero: el anillo de seguridad de Maduro, arrasado en aquel ataque, era de militares cubanos”, agrega.
Caleca alude entonces a María Corina Machado: “Hay sectores en la oposición que llevan muchos años pidiendo una intervención militar. Lo han dicho: solos no podemos. Eso tiene consecuencias. Y aquí estamos”.
“La población espera cambios políticos, pero, sobre todo, y en primer lugar, mejoras en la economía”, afirma Félix Seijas, directivo de la firma encuestadora Delphos. “La mayoría del país ve que las cosas marchan con lentitud, pero también la población aprecia mucho el cambio de ambiente que se vive desde el 3 de enero. La sensación que predomina en las mediciones es que las cosas se han retardado, pero que algo definitivo tendrá que pasar en Venezuela. Esa expectativa se mantiene”, explica.
“Hay una dependencia total del régimen frente a los intereses de los Estados Unidos”, afirma el prominente historiador e intelectual Elías Pino Iturrieta, una voz muy escuchada en las filas de la oposición. “La apertura es mínima, con complacencia imperial: el padrastro Trump y sus hijastros sumisos. La oposición vacila, porque también depende de Mar-a-Lago. No es un panorama auspicioso, y no hay perspectivas cercanas de cambio, debido a la debilidad de las fuerzas sociales y el miedo a la represión”, lamenta. Para el escritor y profesor, Venezuela, lejos de bailar, “se regodea en un pantano fétido”.
Con información de El País

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