¿Cuál es la dimensión de la crisis que Delcy enfrenta luego de los terremotos?
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Con varias redes de telecomunicaciones caídas y apagones en algunas zonas, las horas siguientes al doble terremoto en la tarde del 24 de junio fueron de angustia e incertidumbre.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, hizo su primer anuncio sobre la catástrofe en Telegram cinco horas después de los temblores y declaró el estado de emergencia nacional. Las palabras de la mandataria, sin embargo, no se tradujeron en una activación inmediata de las Fuerzas Armadas.
Pasada una primera noche de horror, en las primeras horas del día después de los terremotos era básicamente la gente en La Guaira —como sigue ocurriendo 10 días después— la que había asumido las tareas de búsqueda. Estaban rodeados, eso sí, de funcionarios policiales armados que iban de un lado a otro, dedicados principalmente a tareas de inteligencia o de vigilancia, sin aparente disposición o preparación para atender a las víctimas.
La evaluación sobre los tiempos de respuesta ante el doblete sísmico sobre la falla de Boconó, el que quizás sea el mayor desastre que ha vivido Venezuela en su historia contemporánea, ha entrado en el terreno de la polémica.
El Gobierno ha interpretado los señalamientos de periodistas que en el terreno han recogido el malestar y la sensación de abandono de los afectados como “matrices de opinión creadas en laboratorios” e incluso las ha calificado de conspiraciones.
Este domingo, durante el acto por los 215 años de la Independencia, defendió el papel de los militares: “La orden la di yo, y me hago responsable por nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana”, dijo.
“Al igual que en el 1812, los antipatriotas pretendieron usar el terremoto para atentar contra la naciente República. No puede haber espacio para ningún tipo de conspiración interna o externa. Como en estos momentos, hay quienes se atreven a la miseria y a planificar estallidos sociales”, advirtió.
Durante el acto anunció la creación de una unidad militar de tareas especiales en la atención de desastres.
“Los desastres siempre muestran lo que se estaba haciendo bien o mal antes, durante y después del evento”, dice Ángel Rangel, exdirector de Defensa Civil y quien estuvo al frente de la respuesta durante el deslave que vivió la misma región en 1999 junto con Raúl Salazar, el ministro de Defensa de Hugo Chávez.
“En el ‘durante’ hemos visto inacción, desorganización, falta de liderazgo en lo comunicacional. En las primeras 24 horas, las Fuerzas Armadas no se activaron y son la instancia clave en una situación como esta por su alta capacidad operativa”.
A Venezuela le toca vivir el peor de los eventos en su peor momento. “El país estaba ya en una condición postdesastre, con una inmensa debilidad institucional y los cuerpos de Protección Civil y Bomberos con enormes carencias”, apunta Rangel, que es consultor internacional en prevención de riesgos. Para las magnitudes de daños de los dos sismos, los funcionarios de Protección Civil eran claramente insuficientes, pero siendo un país sísmico y con grandes vulnerabilidades, no son el cuerpo de seguridad que más ha crecido en los últimos años.
“La inversión del Estado en seguridad ha estado dirigida a un enemigo que no son los terremotos, sino el enemigo interior. Por eso vemos a los guardias apertrechados, por eso hay tanquetas para echar agua a manifestantes, pero no suficientes camiones contra incendios”. Rangel recuerda que, durante su gestión, el Plan Nacional de Desastres era ejercicio de coordinación, de saber qué tenía que hacer cada quien, que se ensayaba anualmente. Esa práctica ha desaparecido.
En mayo pasado, la embajada de Estados Unidos realizó un simulacro de evacuación de emergencia y los caraqueños se vieron sorprendidos, porque no recuerdan alguno propio. “La lección del deslave tampoco se aprendió. Seguimos siendo un país con una cultura institucional reactiva y no anticipatoria”.
La extracción de sobrevivientes y cuerpos en estructuras colapsadas requiere de apoyo especializado. En La Guaira lo hacen los familiares a riesgo de morir en el rescate.
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Ayuda internacional
Por eso, la llegada de rescatistas internacionales de al menos 40 países ha sido clave en el doble terremoto. Han sido coordinados por Naciones Unidas y la llegada de sus vuelos humanitarios al aeropuerto, también afectado en sus pistas e instalaciones, ha estado bajo el control de Estados Unidos. En 1999, Rangel lo vivió totalmente diferente. Cuando lograron coordinar con el Comando Sur el envío de un buque con maquinarias, equipos médicos y plantas, la embarcación fue devuelta. “No quiero a los americanos armados aquí”, recuerda que le dijo Chávez.
El ingeniero colombiano Omar Darío Cardona llegó a Turquía tres meses después del terremoto de 2023. Todavía había madres esperando al frente de los edificios colapsados que sacaron los cuerpos de los suyos. En este espejo, dice, puede verse Venezuela.
“Esta etapa es muy dura”, dice el especialista internacional que figura como autor de la evaluación de pérdidas materiales tras los terremotos presentada por la agencia de desastres naturales de las Naciones Unidas. Cardona, que fue director nacional de Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia, coincide con Rangel en las fallas durante la respuesta y las atribuye a un desconocimiento de los protocolos de atención en tareas específicas como la información, el registro de afectados, el manejo de cadáveres y de escombros y demoliciones y la crisis de gobernanza de un país que no ha terminado de resolver el conflicto que dejaron un fraude electoral y luego una intervención militar extranjera.
Aunque el Gobierno a diario publica un parte con números que incluyen muertos, rescatados y bolsas de comida entregadas, hay información que no se tiene, como la de los desaparecidos.
"En condiciones normales, los programas de rehabilitación tras desastres tienen tiempos muertos, de desencanto y desesperación. Por eso la estrategia de comunicación es crucial y debe ir continuamente llenando los vacíos con información, incluso diciendo que no aún no se tiene esa información”, explica Cardona.
De un lado a otro
La distribución de familias afectadas entre los campamentos transitorios tampoco ha estado clara. Se mueven de un lado a otro y el riesgo de la separación de niños y niñas de sus familias es latente, han advertido las ONG. Hay cuerpos que también se han perdido tras su extracción bajo los escombros. A algunas familias les han dicho que han sido llevados a fosas comunes, pese a que Delcy Rodríguez dijo que no haría eso.
En la morgue improvisada en el Puerto de La Guaira, los cadáveres lucen amontonados y puestos directamente sobre el suelo, algo que para Cardona está fuera de todas las pautas para estos casos. El reconocimiento de las víctimas se ha centralizado ahora en ese lugar. La presencia de uniformados armados, de las cosas más visibles en el despliegue del Gobierno, también está contraindicada, según el especialista.
“Lo que viene para Venezuela es enorme”, dice Cardona. El cálculo que ayudó a sacar sitúa las pérdidas directas del doble sismo en 37.000 millones de dólares. El Gobierno ha anunciado la creación de fondos para la reconstrucción y creó la Misión Venezuela Renace, paralela a la institucionalidad formal, para la reconstrucción, para la que ha designado a la ingeniera Jacqueline Faría, quien era su ministra de Transporte. Pero la pregunta sin respuesta, en su opinión, es otra. “¿Cómo se hace con los problemas de institucionalidad y gobernanza que hay en Venezuela para estructurar los proyectos de reconstrucción y rehabilitación que se necesitan?”.
Con información de El País

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