Del "Yankee, go home" al operativo para matar al "Niño Guerrero" ¿Cómo llegó a ese punto la relación con EE. UU.?
El ataque en Venezuela tenía también el objetivo paralelo de preparar la zona para la inversión de empresas mineras.
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El 9 de junio a las 10 de la mañana, una enorme explosión sacudió Las Claritas, una localidad precaria situada al borde de una vasta mina de oro excavada en la Amazonia venezolana.
«La explosión fue tan potente que la casa de mi hermana tembló, y ella estaba a 10 kilómetros de distancia», dijo un minero que pidió mantener el anonimato por razones de seguridad. «Imagínese el impacto».
Inmediatamente después, helicópteros comenzaron a sobrevolar la zona, como si estuvieran dando caza a algo o a alguien.
Durante días apenas hubo información sobre lo ocurrido. Entonces, Donald Trump publicó un video en las redes sociales afirmando que en él se mostraba el asesinato de Héctor Guerrero Flores, líder de la banda venezolana Tren de Aragua.
Las imágenes aéreas recordaban a los ataques estadounidenses contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, pero con una diferencia crucial: tuvieron lugar en suelo venezolano, aparentemente entre las minas ilegales a cielo abierto del extremo sur del país.
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La operación conjunta entre Estados Unidos y Venezuela marcó un punto de inflexión en la relación entre estos antiguos adversarios, que hacía menos de seis meses se disparaban mutuamente cuando el ejército estadounidense irrumpió en Caracas para capturar al entonces líder del régimen, Nicolás Maduro.
También representa el último esfuerzo de Estados Unidos por extender sus ataques militares contra grupos criminales a otros países de la región, y tal vez el primer paso para preparar un territorio sin ley para la inversión de empresas mineras.
«Creo que este es un punto de inflexión», afirmó Bram Ebus, consultor del International Crisis Group. «Hemos visto a fuerzas estadounidenses atacar embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico, pero esto ocurre dentro de los límites terrestres de un país. Además, una acción conjunta con Estados Unidos tiene una enorme carga simbólica para una nación cuyo gobierno, durante décadas, basó su retórica en oponerse a Washington».
El Arco Minero
El ataque puso el foco de atención en el Arco Minero del Orinoco, una vasta extensión de tierra rica en minerales situada junto a las fronteras con Guyana y Brasil, adonde han acudido cientos de miles de mineros; muchos de ellos son desplazados que perdieron sus medios de vida durante el colapso económico de Venezuela.
Grupos criminales —entre ellos bandas venezolanas como el Tren de Aragua, así como grupos brasileños y guerrillas colombianas— ejercen el poder de facto en gran parte de la región. Allí, durante años, los delincuentes han pactado con miembros del régimen venezolano para controlar las minas, cobrar tributos e imponer un orden brutal.
«Destruyeron cualquier orden institucional que hubiera existido», señaló Américo de Grazia, exdiputado de la Asamblea Nacional de Venezuela en representación del estado Bolívar.
Sin embargo, el futuro de la región ha estado en entredicho desde que la administración Trump tomó el control de la situación respecto a Maduro en enero y lo sustituyó por Delcy Rodríguez, instruyéndola para que abriera los recursos naturales de Venezuela a la inversión de empresas estadounidenses.
Donald Trump anunció el ataque tras varios días de operaciones militares venezolanas en los alrededores de Las Claritas —un centro de minería ilegal en el estado Bolívar—, donde los habitantes reportaron disparos y explosiones mientras los helicópteros sobrevolaban la zona.
Se sabe que el Tren de Aragua, organización clasificada el año pasado por Estados Unidos como grupo terrorista extranjero, controla Las Claritas; es posible que su líder, conocido como «Niño Guerrero», se hubiera estado escondiendo allí.
No obstante, los detalles de la operación que acabó con su vida —incluidos el momento y el lugar exactos— permanecen prácticamente ocultos.
No hay “pruebas" de la muerte del Niño Guerrero
Las autoridades tampoco han presentado pruebas de la muerte de «Niño Guerrero», y se desconoce si el operativo tenía como objetivo a otros miembros del Tren de Aragua o si hubo civiles muertos o heridos durante las acciones.
«Fuentes fiables nos dicen que los líderes [del Tren de Aragua] huyeron a Guyana, pero no lo sabemos con certeza», comentó otro minero de El Dorado, localidad cercana a Las Claritas.
«Hemos recibido informes de muchas personas heridas y algunos muertos», dijo Cristina Burelli, fundadora de SOS Orinoco, organización que cuenta con una red de fuentes sobre el terreno. «Pero, en realidad, no hay información. Es increíble».
Tampoco está clara la naturaleza exacta de la participación de Estados Unidos en la operación.
Trump afirmó que Estados Unidos «ejecutó» el ataque. Diversos medios estadounidenses han informado que la CIA proporcionó la inteligencia e incluso que el misil fue lanzado por el Mando Conjunto de Operaciones Especiales.
Esto supondría la segunda acción militar estadounidense en Venezuela tras la operación para capturar a Maduro; solo que, en esta ocasión, parece haberse llevado a cabo en colaboración con el propio régimen y contra una organización criminal a la que Washington acusó en su día a Caracas de proteger.
Asimismo, indica una expansión de los ataques militares estadounidenses contra grupos criminales en la región, iniciados con ofensivas contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, pero que se han extendido a operaciones conjuntas en Ecuador y ahora en Venezuela, mientras Trump presiona para que ocurra lo mismo en México.
Preparando el terreno
Los expertos sospechan que el ataque en Venezuela tenía también el objetivo paralelo de preparar la zona para la inversión de empresas mineras.
El Arco Minero del Orinoco alberga no solo oro, sino también tierras raras y minerales críticos —como níquel, cobre, bauxita y coltán— vitales para la producción industrial y militar.
Desde enero, el régimen venezolano ha aprobado una reforma minera para abrir el sector al capital privado extranjero, al tiempo que Estados Unidos ha emitido licencias que permiten a empresas estadounidenses realizar transacciones con oro de origen venezolano.
Los enormes yacimientos de oro cercanos a Las Claritas revisten especial interés. Las empresas canadienses y estadounidenses Crystallex y Gold Reserve vieron cómo el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, expropiaba sus concesiones en la zona, y aún siguen reclamando las indemnizaciones derivadas de los arbitrajes. Tras la captura de Maduro, Gold Reserve anunció su interés en regresar a Venezuela.
«Sospecho que el origen de esta última operación radica en que Estados Unidos quiere despejar la zona para Gold Reserve y Crystallex, a fin de que puedan recuperar el control de la región», señaló De Grazia, ex político del estado Bolívar.
Sin embargo, Burelli estima que operan entre 15 y 20 grupos criminales armados en todo el Arco Minero del Orinoco. «Eliminar a un solo individuo no cambia la situación en absoluto», afirmó Burelli. La semana pasada, el jefe de policía de Las Claritas fue hallado muerto, abatido por una bala de su propia arma. «Creo que esta es la primera señal de represalia por parte de miembros del Tren de Aragua», afirmó Burelli.
Por otra parte, los grupos criminales son solo una parte de un sistema que involucra al propio Estado venezolano. A medida que se desplomaban los ingresos petroleros, los miembros del régimen recurrieron a la minería de oro para recaudar fondos, permitiendo que sus allegados —entre ellos, oficiales militares— se enriquecieran.
«El ejército venezolano está tan profundamente arraigado en todas estas economías ilícitas que resulta difícil imaginar que se vuelvan totalmente en contra de las redes del crimen organizado», señaló Ebus.
«El sur de Venezuela sigue siendo una pesadilla para los inversores».
Con información de The Guardian.

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