"La brecha cambiaria es la mayor distorsión macroeconómica": Luis Vicente León explica las razones
"Se trata de la combinación entre asignación discrecional, falta de previsibilidad en los flujos y una variable geopolítica"
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Para el economista y presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, “la brecha cambiaria sigue siendo la principal distorsión macroeconómica del país, pero su origen no es único. Es un problema múltiple”, a pesar del ingreso de dinero procedente de la venta del petróleo.
En su cuenta en X, León describe que “entre enero y febrero ingresaron alrededor de 800 millones de dólares, más una nueva transferencia que podría ubicarse en el entorno de 300 millones adicionales”.
“Estos recursos, provenientes de exportaciones petroleras, se canalizan a través de mecanismos supervisados por el Tesoro estadounidense y luego se subastan en cuatro bancos privados autorizados. A ello se suman los dólares que entran directamente por el sector privado y que se colocan en mesas de dinero al tipo de cambio oficial y también hay oferta en los mercados alternativos”, agregó.
A su juicio, “en términos agregados, la oferta no luce insuficiente. Sin embargo, la tasa ha sido volátil y la brecha continúa elevada”.
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¿Por qué?
Sin embargo, el experto explica que “el primer problema está en la dinámica operativa. Las subastas incorporan criterios de jerarquía, prioridades sectoriales y necesidades específicas que tienen lógica económica, pero no permiten acceso automático ni planificación empresarial predecible. No siempre se puede comprar cuando se necesita, aunque el sistema funcione formalmente”, sostuvo.
El segundo problema es más estructural. “Los flujos externos no llegan bajo un esquema claro, regular y programable. No existe un calendario transparente que permita, ni a los compradores ni al BCV, anticipar la magnitud y el momento de cada colocación. Además, la percepción de que el ritmo de esos desembolsos puede estar vinculado a dinámicas políticas externas introduce un elemento adicional de incertidumbre”.
En consecuencia, “cuando la economía percibe que el flujo de divisas puede utilizarse como mecanismo de presión o negociación, la política contamina la formación de expectativas. Y en un mercado altamente dolarizado, la confianza es determinante. La incertidumbre no solo afecta la oferta efectiva, sino también el comportamiento de los compradores, que incorporan una prima de riesgo ante la posibilidad de retrasos o interrupciones”.
La conclusión, León cree que “no se trata solo de cómo se subastan los dólares. Se trata de la combinación entre asignación discrecional, falta de previsibilidad en los flujos y una variable geopolítica que introduce ruido permanente. Mientras esa mezcla persista, la brecha difícilmente convergerá de forma sostenida a niveles objetivos de las autoridades monetarias, que parece ubicarse en 10%, aun cuando los montos acumulados parezcan suficientes”.
Concluye diciendo que “la estabilidad cambiaria no depende únicamente del volumen. Depende de la confianza en que la regla no cambiará y en que el flujo será continuo, no contingente”.

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