La crisis hospitalaria persiste a pesar del ingreso de recursos y la ayuda humanitaria
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Aproximadamente el 80% de los hospitales venezolanos carecen de equipos para realizar tomografías, resonancias magnéticas y ecografías, y una proporción similar no dispone de equipos modernos para cuidados intensivos y la atención del cáncer y enfermedades graves del corazón, advirtió el médico y dirigente opositor William Barrientos en una entrevista con el Nuevo Herald.
Más del 80% también carece de servicios de laboratorio especializado, sostuvo Barrientos, quien impulsa un plan de emergencia de dos años para recuperar la atención sanitaria. La propuesta contempla fortalecer los ambulatorios, equipar hospitales y garantizar un suministro constante de medicamentos e insumos, aunque su ejecución depende de acuerdos políticos y recursos que todavía no se han concretado.
Barrientos es diputado de la Asamblea Nacional elegida en 2015 e integrante de la comisión encabezada por Dinorah Figuera, quien lidera la delegación opositora en la mesa de diálogo político nacional. Según explicó, el deterioro de los servicios exige incorporar la recuperación sanitaria a esas conversaciones, con metas que permitan comenzar a atender necesidades acumuladas durante años.
“Las condiciones actuales de Venezuela no permiten la ejecución de este plan”, afirmó. “Es necesario el avance del diálogo y transición para que Venezuela pueda tener un manejo transparente de los recursos y una redefinición de sus políticas de salud”.
Barrientos atribuyó las cifras sobre las carencias hospitalarias a investigaciones de campo de organizaciones no gubernamentales, fundaciones, universidades y expertos en salud pública. En sus respuestas no identificó los estudios específicos, sus fechas o el número de hospitales evaluados, por lo que la información facilitada no permite establecer el alcance nacional de esas estimaciones.
Su diagnóstico describe instituciones donde las deficiencias de equipos y suministros limitan tanto la detección de enfermedades como la capacidad de tratarlas. A esas fallas se suma la pérdida de personal por la emigración, que dificulta cualquier esfuerzo para ampliar la atención.
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Lo compran todo
El deterioro, explicó, obliga a pacientes y familiares a buscar servicios privados o comprar materiales básicos para recibir atención en instituciones públicas. Entre las carencias que describió figuran gasas, soluciones fisiológicas, jeringas y guantes quirúrgicos, gastos que trasladan a los hogares parte del costo de la atención hospitalaria.
La primera intervención del plan estaría dirigida a recuperar la atención primaria mediante ambulatorios con capacidad para resolver problemas de salud antes de que se compliquen. Barrientos considera ese fortalecimiento una de las tres prioridades, junto con la dotación de equipos hospitalarios y el abastecimiento continuo de medicamentos esenciales.
Durante el primer año, anticipa, esas medidas permitirían aumentar la cobertura, disminuir las complicaciones y muertes por enfermedades crónicas desatendidas y reducir los casos de enfermedades agudas evitables. No ofreció indicadores específicos para medir esos resultados, más allá de una meta para atender las necesidades quirúrgicas.
Según Barrientos, más de ocho millones de personas presentan patologías que requieren una solución quirúrgica por parte del sistema sanitario. La propuesta plantea atender aproximadamente 2,4 millones durante su primer año, equivalente al 30% de esa estimación.
No precisó cuántas de esas personas están inscritas en listas de espera, qué intervenciones necesitan ni cómo se calculó la capacidad para atenderlas. Tampoco detalló cuántos quirófanos, especialistas o camas hospitalarias habría que recuperar para alcanzar el objetivo. La cifra constituye una meta del plan, cuya viabilidad dependerá de los recursos y servicios disponibles.
El financiamiento es uno de los aspectos pendientes. Consultado sobre el costo de los dos años de emergencia, Barrientos respondió que se requerirían “millones de dólares”, sin proporcionar un presupuesto concreto. Planteó que los recursos deberían provenir de los ingresos petroleros del país y del financiamiento de organismos multilaterales, pero no identificó compromisos ya obtenidos.
“Los manejarán las autoridades y aplicadores del plan, con criterios estrictos de auditoría interna y externa”, dijo. También propuso establecer equipos de seguimiento de la calidad de la atención y rutas de suministro que puedan verificarse permanentemente.
Esos controles forman parte de su argumento de que la recuperación requiere modificar la gestión del sistema sanitario. Barrientos responsabiliza del deterioro a la corrupción, la falta de mantenimiento y las decisiones políticas que, a su juicio, han relegado las necesidades de los pacientes.
La iniciativa fue elaborada, explicó, por un equipo multidisciplinario de especialistas en salud pública, epidemiología, práctica clínica y administración sanitaria nacional y regional. Barrientos situó su presentación el 16 de octubre en Caracas, ante una delegación encabezada por Figuera.
Vinculó el trabajo con los aportes de especialistas como el exministro de Salud Rafael Orihuela, el director de Médicos Unidos por Venezuela, Jaime Lorenzo, y el infectólogo Julio Castro, además de dirigentes de enfermería. Entre las prioridades descritas figuran la recuperación de servicios de diagnóstico, la atención de enfermedades infecciosas, la vacunación y la protección maternoinfantil.
Sobre las gestiones políticas, Barrientos dijo que existen contactos con la mesa de diálogo, interlocutores del Gobierno y participantes externos a Venezuela. No identificó a esas personas ni precisó si alguna institución había aceptado ejecutar o financiar las medidas.
“Los mecanismos de socialización están actualmente en proceso de definición”, señaló.
La disponibilidad de trabajadores también condicionará la puesta en marcha de la propuesta. Barrientos sostuvo que hay médicos y enfermeras dispuestos a participar, aunque reconoció que la emigración ha reducido la fuerza laboral. No proporcionó una estimación del personal disponible ni de los profesionales adicionales que serían necesarios.
“No hay insumos ni equipos, pero un ejército de médicos y enfermeras dispuestos a trabajar por la recuperación de esta patria”, afirmó. “Estamos conscientes de la disminución de la fuerza laboral con la diáspora de la migración forzosa”.
Para Barrientos, la recuperación sanitaria debe ocupar un lugar central en cualquier acuerdo político. Considera que los resultados de las negociaciones también deben medirse por la capacidad de atender pacientes, garantizar tratamientos y proteger a los niños mediante la vacunación.
Su propuesta busca llevar esas necesidades a la mesa de diálogo, mientras siguen pendientes el presupuesto y las condiciones que permitirían ejecutarla.
Con información de El Nuevo Herald

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