La víctima que escapó del ‘monstruo de Ciudad Bolívar’ rompe el silencio: así sobrevivió a minutos de ser atacada
En el pódcast Más Allá del Silencio, el testimonio de Valeria, la joven que escapó del monstruo de Ciudad Bolívar, y el relato desgarrador de Alirio Leyva, padre de Catalina, revelan detalles nunca contados sobre el depredador que engañaba a mujeres con falsas ofertas laborales.
:format(webp):quality(40)/https://impactovecdn.eleco.com.ar/media/2025/12/foto_mas_alla_del_silencio.jpeg)
El caso del monstruo de Ciudad Bolívar volvió a estremecer a Bogotá después de que Valeria, una joven de 21 años, rompiera el silencio y relatara cómo estuvo a pocos minutos de convertirse en una nueva víctima de Kardin Daniel Montilla, señalado por las autoridades de atacar sistemáticamente a mujeres mediante falsos empleos como “modelos élite”.
Su relato coincide con las investigaciones que conectan a Montilla con al menos 16 casos con el mismo patrón y con la brutal muerte de Catalina Leyva, de 24 años.
La historia fue revelada en el pódcast Más Allá del Silencio, del periodista Rafael Poveda, donde también habló Alirio Leyva, padre de Catalina, quien describió el doloroso camino para encontrar justicia tras la muerte de su hija.
“De la que te salvaste”: así atraparon al sospechoso
Valeria contó que todo empezó con una oferta en Marketplace: “Trabajo con pagos diarios o semanales”, decía el anuncio. El perfil usaba el nombre falso “Daniela Suárez” y le prometía ingresos de cuatro millones semanales.
“Me dice que es para modelo élite y que desde el primer video me pagan”, relató a Más Allá del Silencio. Desde ese momento comenzó el engaño: le pedían fotos, videos, datos personales y hasta un computador “para grabar”.
La joven llegó al Portal Sur el 20 de noviembre. Una supuesta “modelo” iba a recogerla, pero apareció un hombre con sudadera negra y buzo verde: era Montilla.
“Él me dijo: vamos, quedamos tarde, está brava, hasta te cancela”, contó Valeria. La llevó hacia una montaña desolada. “Seguí subiendo y ya íbamos entrando al monte cuando llegó la Policía”, agregó en la conversación con Poveda.
Una uniformada la tomó del brazo y le dijo: “De la que te salvaste… este es el monstruo de Ciudad Bolívar”. Minutos después, Montilla gritaba un nombre, “¡Pedro!” intentando hacer creer que tenía cómplices. No había nadie. Estaba solo.
El día que Catalina no regresó a casa
El dolor de Alirio Leyva, padre de Catalina, aún es palpable. Su hija fue engañada con la misma promesa laboral y citada en el mismo sector: el Perdomo, en Ciudad Bolívar.
“Nos dijeron que ofrecían cuatro millones semanales. Mi hija era inocente, se dejó convencer”, contó en la entrevista a Más Allá del Silencio. Catalina acudió a la cita el 8 de noviembre de 2024.
La evidencia la golpea cada vez que la recuerda: “Múltiples moretones en la cara, piernas, espalda, uñas partidas… ella luchó”.
Catalina logró tomar una foto de espaldas de su agresor, diciendo a su novio: “Tengo nervios”. Ese rastro permitió unir piezas de varias denuncias anteriores.
Alirio lo resume con una frase que estremece: “Mi hija es una heroína. El cuerpo habla. Ella luchó. Y por ese celular que no quiso desbloquear, la encontramos”.
El intendente Joan Mejía, quien lideró la captura, explicó el alcance del patrón criminal. Según dijo, el monstruo de Ciudad Bolívar cambiaba constantemente de cuentas, entraba a grupos de empleo, pedía contenido íntimo y citaba a las víctimas en una montaña donde los gritos no se oían:
“Hicimos pruebas de sonido. Era imposible que una víctima pidiera ayuda”, reveló el oficial. Asegura que el asesino tenía estudiadas seis o siete entradas distintas al lugar y que muchas mujeres no denunciaban por miedo a que él publicara sus fotos o videos.
La infiltración que lo delató
Una agente encubierta logró entrar a los grupos donde Montilla reclutaba víctimas. Cuando ella no pasó la última “prueba”, él cometió un error: envió la foto de Valeria, diciendo que sería “la próxima en subir”.
“Sabíamos que era ella, pero no dónde ni a qué hora”, dijo Mejía. Un policía la vio bajar de un vehículo, impecablemente vestida. La siguió. Cuando Montilla la metió al monte, pidió apoyo. En segundos, decenas de uniformados rodearon la zona.
El sospechoso fue capturado con una navaja, el mismo tipo de arma que varias víctimas habían descrito.
Mientras escucha cómo Valeria fue salvada a tiempo, Alirio no esconde su mezcla de alivio y rabia: “¿Por qué mi hija no tuvo la misma suerte? ¿Por qué tuvieron que esperar a que hubiera una muerte para empezar la investigación?”
Él y su familia perdieron la esperanza en la justicia durante meses, hasta que recibieron la llamada, llena de dudas e incredulidad, que confirmaba la captura del sospechoso.
El intendente lo dejó claro: “Muchas víctimas no denuncian por miedo a que él publique sus fotos. Pero ahora está capturado y es el momento de hablar”. Valeria, aún temblorosa, dejó una advertencia final: “No coman cuento. Verifiquen. Hasta estos trabajos tienen sedes reales. Y si les pasó… denuncien”.

Para comentar, debes estar registradoPor favor, inicia sesión