Mató a su pareja por celos y convivió 6 días con el cuerpo: Así capturaron al presunto asesino de Erika Moreno
En Más Allá del Silencio, Rafael Poveda entrevista a los padres de Erika Jimena Moreno, la joven de 22 años asesinada por su pareja en Tunja, quien convivió seis días con su cuerpo y respondía mensajes desde su celular.
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Tunja no olvida lo que ocurrió en un apartamento modesto a finales de diciembre de 2025. Erika Jimena Moreno, de 22 años, madre de una niña de dos, fue asesinada presuntamente por su compañero sentimental, Walter Camilo Medina, en un ataque motivado por celos.
Pero el horror no terminó ahí. Durante seis días, el hombre siguió entrando y saliendo del lugar, durmió en la vivienda con el cuerpo y respondió mensajes desde el celular de la víctima para simular que estaba con vida.
La historia fue reconstruida en el pódcast Más Allá del Silencio, donde el periodista Rafael Poveda entrevistó en Tunja a Faustino Moreno, padre de la joven, a su hermana Lina Marcela y al subintendente Hernán García, investigador del caso.
“Ese 31 de diciembre lloré como nunca”
Faustino Moreno recuerda el último día que vio a su hija con vida: el 29 de diciembre. “Me pidió dos mil pesos para el transporte. Le di cinco mil. Se fue contenta a trabajar”, contó en Más Allá del Silencio.
Esa madrugada, dice, la bebé se despertó llorando justo cuando su madre salía de la casa. “Como si se despidiera por última vez”.
El 31 de diciembre algo lo inquietó. “Había fiesta, había gente, pero yo no fui feliz. Cuando dieron las doce me puse a llorar. Lloré como nunca. Algo me decía que algo estaba pasando”.
Intentó comunicarse con su hija. Recibió respuestas por mensaje de texto, pero algo no encajaba. “No era mi hija. La forma de escribir no era ella”. La patrona del restaurante donde trabajaba Erika confirmó que el 29 fue su último turno. No volvió ni el 30, ni el 31, ni el 1 de enero. También recibió mensajes extraños desde su celular.
El 4 de enero, desesperado, Faustino fue al apartamento acompañado por la Policía.
Golpearon la puerta. El televisor estaba encendido. Nadie abría. El propietario autorizó el ingreso. “Entré por la cocina. No vi nada. Cuando llegué a la pieza vi un cuerpo cubierto con cobijas… y las zapatillas de mi hija. Ahí supe”. La Policía lo sacó de la escena. Minutos después le confirmaron lo que temía: Erika estaba muerta.
En la entrevista con Rafael Poveda, el subintendente Hernán García detalló el patrón que revelaron las cámaras de seguridad. Erika ingresó al apartamento el 29 de diciembre hacia las 4:50 p. m. Es la última vez que se le ve con vida.
Walter Camilo ya estaba dentro. Una hora después, él sale. Regresa. No vuelve a salir ese día. El 30 sale a trabajar en la mañana. Regresa al mediodía. Vuelve a salir. Regresa en la noche. Duerme allí.
El 31 sale en la tarde a reunirse con amigos. El 1 de enero llega a las 3 de la mañana. “Ahí llega a dormir con el cuerpo de Erika Jimena”, explicó el investigador en Más Allá del Silencio.
Las cámaras lo registran entrando y saliendo, comprando comida rápida, comportándose con aparente normalidad. Hasta el 4 de enero al mediodía, cuando sale con una maleta y desaparece. Fue capturado el 17 de enero en Bogotá. Según el investigador, al momento del arresto “agachó la mirada” y dijo que sabía que eso iba a pasar.
Confesó que revisó el celular de Erika, encontró conversaciones que no le gustaron y que, tras reclamarle, “la vio burlándose”. “Eso le dio mucha rabia, mucha ira”, explicó el subintendente. La necropsia determinó que murió por asfixia mecánica. En audiencia no aceptó los cargos.
“No soportó verla feliz”
Lina Marcela, hermana de Erika, describió en Más Allá del Silencio una relación marcada por violencia, celos y humillaciones. “Ante los demás se hacía ver como un santo. Pero con ella era grosero, altanero”.
Asegura que su hermana le confesó episodios de agresiones físicas. En una ocasión terminó en el hospital con tres heridas en la pierna tras una discusión en un establecimiento donde él bebía. “Ella estaba feliz. Estaba conociendo a alguien. Quería empezar de nuevo. No soportó verla feliz”, afirmó Lina.
Según la familia, Erika era quien pagaba el arriendo y sostenía el hogar. Walter no aportaba económicamente y, según el padre, consumía alcohol con frecuencia. “Mi hija no era feliz. Yo lo sabía”, dijo Faustino.
La pequeña Luciana quedó bajo custodia del abuelo y su pareja. Faustino pidió justicia y advirtió sobre el riesgo de que el caso termine en libertad por vencimiento de términos.

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