Migrantes venezolanos en EE. UU. se sienten "traicionados" por la relación entre Trump y Delcy Rodríguez
:format(webp):quality(75)/https://impactovecdn.eleco.com.ar/media/2026/09/trump_4.webp)
Centenares de venezolanos en el exilio que celebraron en enero la detención de Nicolás Maduro en un ataque estadounidense, con la esperanza de que la intervención armada de Washington provocara un cambio de régimen, no se atreven a salir a las calles de Estados Unidos ahora que Donald Trump ha recibido a Delcy Rodríguez en Nueva York como jefa de Estado y socia comercial y ha bloqueado el regreso de María Corina Machado a Venezuela. Ya ni siquiera es un consuelo que Maduro esté, mientras tanto, encarcelado en la misma ciudad donde se celebra la Asamblea General de Naciones Unidas.
El País
En nueve meses, la relación de Estados Unidos con el chavismo ha dado un giro que muchos opositores venezolanos no anticiparon. El reconocimiento político del régimen chavista por parte de la Casa Blanca, a cambio de la participación y control en la explotación de petróleo y otros recursos de Venezuela, ha puesto en vilo la permanencia de quienes vinieron al país en busca de refugio.
Al ver el aterrizaje de Rodríguez en Manhattan, la reunión con Trump y el discurso de Rodríguez en el podio de Naciones Unidas, Alberto se ha sentido de pronto atrapado entre dos sistemas hostiles. El de Venezuela, donde militaba en un partido de la oposición y fue arrestado e interrogado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) y atacado por los grupos paramilitares del chavismo conocidos como “los colectivos”. Y el de Estados Unidos, donde llegó en 2019 huyendo de la persecución política, y obtuvo el estatus de asilado en 2025. Y este es un sentimiento compartido de otros venezolanos que han buscado refugio en el país.
“Pusimos todas nuestras esperanzas en Donald Trump para que cambiara la situación de Venezuela y lo que está haciendo ahorita es echarle escarcha y lo pinta todo de otro color, mientras acá nos están metiendo presos, nos están deportando y nos están disparando”, dice él, que ha pedido mantener su nombre verdadero en reserva por temor a represalias.
Alberto ha vivido en Washington desde que llegó a Estados Unidos y durante el primer gobierno de Trump trabajó junto a los representantes del líder opositor Juan Guaidó, que se autoproclamó presidente de Venezuela y era reconocido por más de 60 países democráticos, incluyendo a Estados Unidos.
En aquel momento, él acompañaba a los portavoces de Guaidó en sus recorridos por la Casa Blanca y el Congreso, y ahora teme que las autoridades de migración utilizarán la nueva relación entre el gobierno de Trump y el chavismo para revisar su asilo y denegar su petición de residencia permanente: “La administración está dispuesta a afirmar que todo está bien en Venezuela para poder decir que la operación militar que hicieron fue un éxito y tener un pretexto para deportar a los venezolanos con más facilidad. Para decir: ‘Me metí en tu país a sacar a Maduro, entonces ya no tienes razón para estar acá’”.
Para los venezolanos, dentro y fuera de su territorio, la situación solo ha empeorado. En Venezuela, se mantiene el mismo sistema de represivo, según han documentado Naciones Unidas y organizaciones como Amnistía Internacional. Y fuera de Venezuela, la nueva era en las relaciones con Washington ha debilitado los casos de asilo y refugio de miles de solicitantes, que ahora son blanco de la deportación a la misma situación de la que huyeron.
“El miedo que tenemos es que esta administración se está vendando los ojos por sus intereses, por tener acceso a los minerales y al petróleo venezolano, y nosotros, como migrantes y como seres humanos, no valgamos nada. Por eso nos fuimos de Venezuela, porque al gobierno no le valíamos nada, y sentir eso acá es bastante triste”, dice Alberto.
Los acuerdos y pactos que hasta ahora han establecido el gobierno de facto de Caracas y la Casa Blanca no han satisfecho la mayor demanda de los venezolanos: que haya elecciones transparentes, con observación internacional, para elegir un nuevo presidente.
“Hace falta un calendario electoral ya”, opina el excanciller venezolano Milos Alcalay, quien también fue representante permanente de su país ante la Organización de las Naciones Unidas. “La inmensa comunidad internacional ha señalado que la transición no es una transacción, no es eternizar y normalizar al régimen, sino que los venezolanos elijan su propio destino”, ha comentado el exembajador.
De la custodia de ICE a la del Sebin
En Miami, la organización de exiliados venezolanos Amavex ha documentado una decena de casos de venezolanos que han sido deportados a Venezuela en medio de sus procesos de asilo y luego entregados a los cuerpos de seguridad, tan pronto aterrizan en el aeropuerto que sirve a Caracas.
“Las personas que están siendo removidas de los Estados Unidos son recibidas por los mismos órganos de los cuales posiblemente son perseguidos”, ha asegurado Helene Villalonga, presidenta y fundadora de Amavex. “En muchos casos, las personas dicen que son perseguidas por el Sebin [la policía política de Venezuela]”.
El ejemplo más emblemático de esta práctica fue la llegada del vuelo 164 el 24 de junio de 2026, justo el día del doble terremoto. En ese avión venían 146 venezolanos deportados y al aterrizar fueron recibidos por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia y recluidos en el Hotel Sanitario Negra Hipólita de La Llanada. La mayoría de ellos murieron tras el colapso del edificio durante los sismos.
Villalonga ha sido una de las voces más beligerantes del exilio venezolano durante los últimos 19 años. Una de las responsables de movilizar a decenas de miles de personas de la diáspora hacia las plazas de Doral o al restaurante venezolano El Arepazo, el Versalles venezolano, cuando la situación política lo ameritaba.
Pero con los agentes del ICE rondando las calles de la ciudad y Delcy Rodríguez alojada en Nueva York, la situación ha cambiado: “Lo que estamos viviendo era para que las calles de Doral estuvieran abarrotadas, protestando. Un Arepazo full de gente protestando por la presencia de esa señora [Delcy Rodríguez]. Pero ya no me atrevo”, confiesa.
La exiliada venezolana, que acompañó a la líder opositora María Corina Machado en su visita a Washington en enero de este año, también compara el recibimiento que tuvo la premio Nobel de la Paz con el de la vicepresidenta de Nicolás Maduro. “Casi que la sacaban por las puertas laterales, por donde entran los estudiantes. No le dieron un trato diplomático. Mientras a esta señora [Rodríguez] la bajan de las camionetas como si ella fuera una diplomática. De verdad, eso le parte el alma a cualquiera”, dice.
Ahora a María Corina Machado ni siquiera le ha sido posible regresar a su país por un aparente bloqueo de Estados Unidos, aunque lo ha intentado en muchas oportunidades.
El País

Para comentar, debes estar registradoPor favor, inicia sesión