sábado, julio 13, 2024
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Andrés Villota Gómez
Andrés Villota Gómez
@AndresVillotaGo

Narcodiplomacia
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En una reunión hecha por Zoom, para hacerlo más patético, de una oenegé que se llama la Comunidad de Estados Americanos y Caribeños (CELAC), decidieron que le van a decir a, otra oenegé en franca decadencia, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que expulse de su seno al Ecuador.

Además, pide que el Consejo de Seguridad no se entrometa y que no pueda hacer uso de su facultad de veto, ninguno de los países miembro del Consejo. Es decir, a Ecuador lo tienen que expulsar de la ONU porque Gustavo Petro, por orden de Rafael Correa, y el resto de sus amigotes, lo exige y nadie se puede oponer.

El mismo Correa, en otro acto de traición a la patria, cómo son habituales en él, promueve la expulsión de su país de la ONU, porque el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, dio la orden de ingresar a la sede de la embajada de México para poder capturar a Jorge Glas, un reconocido delincuente, que estaba usando a la embajada mexicana como guarida para evadir a la justicia de su país.  

A Ecuador, lo quieren expulsar porque incumplió con los compromisos adquiridos por Rafael Correa con las mafias del narcotráfico. En una abierta actitud de bisagra maniquea en la que darle refugio y utilizar una sede diplomática cómo guarida de criminales y violar el precepto fundamental del asilo diplomático, es válido y “bueno”, y se debe respetar, pero, capturar a un criminal que se esconde de la acción de la justicia en una sede diplomática, es “malo” y se debe condenar.

Ecuador, se había constituido en un enclave paradisiaco para el grupo narcoterrorista de las FARC, que tenía instalado un campamento-Estado, en el que uno de los mayores terroristas del mundo, Luis Édgar Devia Silva, alias Raúl Reyes, tenía su santuario recreacional con adolescentes y se escondía de la acción de la fuerza pública colombiana con la bendición del gobierno de Rafael Correa.

La Operación Fénix, fue un ataque de la Fuerza Aérea Colombiana en una zona selvática de la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, el día 1 de marzo del 2008, en la que fue neutralizado el terrorista, Édgar Devia Silva alias Raúl Reyes y otros 21 terroristas que hacían parte del aparato burocrático de ese mini campamento-Estado.

Ese ataque produjo una crisis diplomática regional por la violación colombiana a la soberanía territorial del Ecuador, por un lado, y por la presencia de las FARC en Ecuador, grupo considerado cómo terrorista en el mundo. Rafael Correa se montó en cólera por la incursión y Colombia se molestó porque el gobierno ecuatoriano, daba refugio a un grupo terrorista en su suelo.

Rafael Correa se dio cuenta que el flujo de información para ubicar al minicampamento-Estado que tenía las FARC en la selva ecuatoriana, que lo había dejado en evidencia ante el mundo, provenía de la base militar estadounidense ubicada en Manta, Ecuador. Eso no se lo perdonaron los jefes supremos de las FARC, que le exigieron tomar medidas en el asunto, para que nadie volviera a tener la osadía de ubicarlos y exterminarlos.

Rafael Correa, siendo presidente de Ecuador, en el año 2009, aduciendo razones de soberanía nacional, ordenó desmantelar la Base Militar de Estados Unidos en Manta, Ecuador. Esa base estaba especializada en operaciones de interdicción de naves dedicadas al tráfico de niños y de drogas ilícitas.

El combo con el que Correa debía pagarle a los que lo habían llevado al poder, incluía un reclamo ante La Haya por las fumigaciones en la frontera colombiana. Así lo hizo y falló en favor de Correa y de sus patrocinadores.

Quito, también, pidió que Colombia indemnizara a los colombianos de las FARC que sembraban coca en la frontera, que fue vendida al mundo como una indemnización para los pueblos aborígenes ancestrales ecuatorianos que habían sufrido los estragos de las fumigaciones hechas con glifosato, esparcido sobre sus tierras. Correa se disfrazaba con una camisa con motivos étnicos precolombinos bordados para mejorar su caracterización de defensor de los pueblos aborígenes ecuatorianos.

En mayo del 2015, Juan Manuel Santos decidió prohibir la fumigación con glifosato, no solo en la frontera con Ecuador, sino en todo el territorio nacional, lo que fue recibido con júbilo por el presidente, Rafael Correa, que lo calificó como una gran noticia, sin decir para quién porque desde ese momento, los cultivos de coca en Colombia aumentaron de manera exponencial. Tanta felicidad de Correa, solo la explica el cumplimiento con los compromisos adquiridos con los que lo habían puesto en el Palacio de Carondelet.

Rafael Correa hoy prófugo de la justicia de su país en donde está condenado a ocho años de prisión, se esconde en Bélgica a dónde huyó desde cuando se dio cuenta que Lenin Moreno, su copartidario, no le iba a cubrir su retaguardia. Correa fue condenado por corrupción por el caso sobornos 2012-2016 y por asociación ilícita y el secuestro del opositor Fernando Balda

Fernando Balda, fue el abogado defensor de Juan Manuel Santos porque Rafael Correa, entabló una demanda penal contra el ministro de Defensa colombiano que, durante la incursión de tropas colombianas a Ecuador y durante las ejecuciones extrajudiciales en las que hacía pasar como guerrilleros a jóvenes pobres que se conoció cómo los “Falsos Positivos”, era, también, Juan Manuel Santos.

Balda fue expulsado de Colombia el 10 de octubre de 2012 por el gobierno de Juan Manuel Santos, después de haber sido secuestrado y rescatado en un, raro, operativo policial que terminó en la entrega de Balda a Rafael Correa.

En septiembre del 2017, en el ocaso del gobierno de Juan Manuel Santos, Rafael Correa, sospechosamente, fue elegido por la Universidad Nacional de Colombia, cómo el speaker en la conmemoración de los 150 años de fundación de la universidad estatal más importante de Colombia.

En un universo de miles de millones de personas, el único elegido para hablar, ese día, fue Rafael Correa. Nunca se supo cuánto le pagaron a Correa porque la Universidad Nacional es intocable y nadie puede escrutar sus gastos, a pesar de ser recursos públicos.

El caos que se apodera de la Comunidad Internacional, es la lógica consecuencia del uso indebido de la actividad diplomática, pervirtiendo su función. Los regímenes de extrema izquierda, convirtieron la inmunidad diplomática y el asilo diplomático en una forma de proteger a sus militantes de la acción de la justicia. Es evidente que la figura del asilo diplomático la están usando los gobernantes corruptos, para cubrirse la espalda mutuamente.

La abierta animadversión y los continuos ataques perpetrados por Maduro, Petro, Correa, Diaz-Canel, López Obrador y otros de la misma calaña, contra el señor presidente Javier Milei, se trata de una molestia generalizada entre los que tenían a la Argentina de los Kirchner, como un lugar de refugio seguro para evitar tener que responder ante la justicia de sus países. Existe el precedente que, el nacional socialista obrero, Juan Domingo Perón, escondió y protegió a Adolfo Hitler y evitó que tuviera que responder por todos sus crímenes atroces.

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