Trampa del terror: así operaba red que secuestraba a turistas extranjeros en Cali
Dos turistas canadienses llegaron a Colombia en busca de diversión y terminaron viviendo una pesadilla. En Más Allá del Silencio, un condenado revela cómo operaba una red criminal que drogaba, retenía y vaciaba las cuentas de extranjeros. Un relato crudo que expone la cara más oscura del turismo sexual y del crimen organizado en Cali.
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Lo que comenzó como un viaje de placer terminó convertido en una experiencia límite. Los hechos ocurrieron el 24 de noviembre de 2023, cuando dos ciudadanos canadienses arribaron a Buenaventura en un crucero turístico y, días después, se trasladaron a Cali atraídos por promesas de diversión, mujeres y fiesta. Nunca imaginaron que ese plan los llevaría a vivir horas de terror, amenazas y el vaciamiento total de sus cuentas bancarias.
La historia fue revelada sin filtros en el pódcast Más Allá del Silencio, del periodista Rafael Poveda, donde Guillermo Rivera Chávez, hoy recluido en la cárcel de Jamundí, contó paso a paso cómo terminó involucrado en un secuestro exprés que escaló a niveles extremos.
“Yo solo iba a llevar droga”: así empezó todo
Guillermo asegura que su rol inicial parecía menor. “Yo era expendedor en la calle”, confesó. Una mujer, a la que conocía de ventas anteriores, lo contactó para que llevara droga a un hotel del barrio Granada. Nada parecía fuera de lo normal hasta que cruzó la puerta.
“Había como diez mujeres en vestido de baño, tomando, encima de ellos”, relató. Los hombres eran dos extranjeros, barbudos, sin la apariencia típica del turista adinerado. “Nunca pensé que fueran canadienses”, dijo.
Minutos después, la situación cambió. La mujer, quien se presentó como Natalie, le hizo una propuesta directa: ayudar a “probar” a los extranjeros. Lo que Guillermo no sabía era que ya estaba entrando en una estructura criminal organizada.
Tinder, transferencias y un cerebro en Estados Unidos
Según el testimonio, Natalie era quien lideraba el contacto con las víctimas. Usaba aplicaciones de citas y hablaba inglés. Detrás de ella estaba Alexander Crilly, un hombre radicado en Estados Unidos, señalado como el cerebro financiero de la operación.
Mientras los canadienses estaban retenidos, les tomaban los celulares y, usando reconocimiento facial, realizaban transferencias internacionales. “Uno tenía 18.000 dólares y el otro 64.000”, contó Guillermo. El dinero salía en giros constantes hacia cuentas controladas desde el exterior.
“Ellos colaboraban por miedo”, explicó. Les decían que, si no hacían las transferencias, sus familias correrían peligro.
Del hotel al motel: control, armas y miedo
La operación no terminó en el hotel. Para evitar sospechas, los trasladaron a un motel en Uber, sin levantar alarmas. “Íbamos con mujeres, nadie sospechó”, recordó.
Allí comenzó el verdadero vaciamiento: retiros en cajeros, compras de oro por más de 80 millones de pesos y al menos cinco iPhone 15. “Las tarjetas se bloquearon, por eso tocó comprar cosas”, explicó.
Guillermo admite que estaba armado. “Yo cargaba un revólver calibre 38”, dijo. Los turistas lloraban, temían por su vida. Según el relato, la orden final era clara y estremecedora: “sacarlos y enterrarlos”.
El punto de quiebre llegó cuando Guillermo descubrió que Natalie y su pareja estaban desviando dinero solo para ellos. Al confrontarla, uno de los canadienses ofreció 10.000 dólares para que lo dejaran ir. Guillermo se negó, no por ética, sino por miedo a represalias del grupo criminal.
Aun así, decidió no cumplir la orden final. “Me conmoví. Nunca pensé llegar tan lejos”, confesó. Finalmente, los dejó en una zona céntrica de Cali y se fue.
Meses después, el Gaula y el CTI llegaron a su casa. Hoy paga una condena y asegura estar arrepentido.
La entrevista reveló algo aún más grave: este no era un caso aislado. Guillermo confesó que el mismo modus operandi se aplicó durante años en Medellín, Cali, Popayán y otras ciudades, siempre con turistas como objetivo.

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