domingo, mayo 19, 2024
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UNIENDO A LA GENTE
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Conocí a María Corina Machado cuando me correspondió habilitar casas de acogida para los niños que estaban en situación de calle en la ciudad de Caracas. Nos habíamos empeñado en asistir a esas criaturas que tenían el cielo por techo y lo hicimos, por instrucciones muy precisas de Antonio, buscando el apoyo técnico de gente especializada en esas tareas, como era el caso del sacerdote colombiano Javier de Nicoló, experto en la materia, a quien conocimos en Bogotá y del que recibimos pleno respaldo para que los centros de atención a los niños que fuimos contactando y asistiendo de forma continua y sostenida, recibieran una cobertura que fuera más allá de la franela ocasional o del plato de comida circunstancial que se les daba caritativamente. 

De la mano de varios especialistas abrimos 5 casas, comenzando por la que bautizamos con el nombre del tío Simón Diaz que animadamente apadrinó, ubicado en el centro caraqueño. No era una misión fácil de cumplir, se requerían no solo recursos financieros, sino muchísima disposición de llevar adelante las tareas que no solo dependían del dinero, sino de la constancia, capacitación y buena voluntad de todos las personas involucradas en ese sueño de devolverles la esperanza y abrirles caminos hacia el futuro a esos niños abandonados a la buena de Dios. 

De mis pasantías por cargos públicos-ad honorem – que asumí al lado de Antonio Ledezma, primero en la Gobernación del Dtto Federal de Caracas, y luego en las gestiones al frente de las alcaldías capitalinas, la que más me produjo satisfacciones personales fueron las que comprendían labores de orden humanitario como la de rescatar de la oscuridad a tantos niños y la de ofrecerles un retorno a la vida normal a decenas de indigentes que atendíamos adecuadamente en los centros “Luis Ordaz” y en el Centro de Indigentes “Hermano Lucas Pérez”; el primero situado en la popular parroquia San Martin y el segundo en la Cota 905. Cada vez que recibo un mensaje de esos seres plenamente desarrollados e incorporados a la vida cargados de conocimientos y triunfando como emprendedores, me digo a mí misma que ¡valió tanto la pena! ese esfuerzo que no buscaba otra cosa que experimentar, que todo lo que hagamos de bien en esta vida tiene como recompensa la tranquilidad espiritual y de conciencia que nos permite vivir en paz. 

En medio de esos afanes, conocí a una muchacha que estaba tramitando respaldos junto con su madre, Corina Parisca de Machado, para mantener funcionando un centro de atención social que habían creado, en el sector de Los Chorros muy bien gestado y comprometido con la atención de los Niños de la ciudad de Caracas. Esa joven era María Corina Machado. Me llamó la atención que esa joven perteneciente a una familia con solvencia económica bien ganada, estaba metida en esos menesteres tan difíciles, dejando de lado posibles viajes de placer entre otras cosas, por los que se desvelarían otras jóvenes de su edad. Después de conversar e intercambiar ideas con ella, comprobé que estaba asistida de una inconfundible vocación de servicio social. Que emprendía esas labores por la motivación que la impulsaba a hacerlo y además experimentaba placer y satisfacción por ayudar al prójimo. 

Esa mujer ha desarrollado a plenitud esas inquietudes y ahora está a la cabeza de un gran movimiento ciudadano que la acompaña porque cree en ella, porque se ha ganado pulso a pulso la confianza de la gente a la que busca unir, para que emprendamos la empresa venezolanista de rescatar la democracia y comenzar a vivir juntos la reconstrucción de la república. Por eso junto a Antonio Ledezma, la acompañaremos en ese sueño de libertad que lidera , con la seguridad que la confianza que ahora depositamos en ella, no será defraudada jamás!

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