Videos revelan el drama en Cuba: abuelos y niños sobreviven al hambre mientras un pastor denuncia persecución
Pastor cubano desafía el hambre en Cuba con una obra humanitaria para ancianos y niños, mientras denuncia persecución y vigilancia del régimen.
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El hambre en Cuba tiene rostro de ancianos y niños, y en medio de esa crisis un pastor cubano desafía el hambre en Cuba cada semana desde un pequeño templo en La Habana. Allí, entre paredes humildes, el pastor Alexander Ramírez entrega sopa, arroz y medicamentos a decenas de personas que muchas veces no prueban alimento durante el día.
La escena ocurre en un barrio donde la escasez de comida y medicinas se ha convertido en rutina. La iglesia, que antes fue un bar, hoy funciona como comedor comunitario improvisado. El pastor cubano desafía el hambre en Cuba no solo con palabras religiosas, sino con platos servidos y donaciones que llegan desde el extranjero.
Pastor cubano desafía el hambre en Cuba
Cada jornada, adultos mayores hacen fila con recipientes en mano. Algunos no estrenan ropa desde hace años. Otros confiesan que no recuerdan el sabor de la carne. “La leche me hace falta tremenda”, dice una mujer que asegura no poder costear productos básicos.
Además de alimentos, el pastor distribuye medicamentos para enfermedades crónicas, trastornos psiquiátricos y dolencias propias de la tercera edad. Las cajas que recibe provienen de donaciones de Estados Unidos, Polonia y otras naciones. Sin embargo, reconoce que no alcanzan para cubrir la magnitud de la necesidad.
En el templo se escuchan relatos de personas que sobreviven recogiendo basura o que no cuentan con papel higiénico. “No necesitamos tanta palabra, sino gente de corazón que quiera ayudar”, afirma el religioso.
Denuncias de persecución y vigilancia
Mientras el pastor cubano desafía el hambre en Cuba, también denuncia presiones del régimen. Asegura que enfrenta denuncias de vecinos y visitas constantes de funcionarios. “En Cuba no hay libertad religiosa, hay tolerancia”, sostiene.
Relata que las autoridades lo vigilan y que en varias ocasiones han intentado intimidarlo. A pesar de ello, afirma que no teme a la cárcel ni a la muerte y que continuará con su misión humanitaria.
El trabajo del pastor incluye visitas a hogares vulnerables. Entre ellos, el de un adolescente con enfermedad congénita que recibe alimentos cada viernes. Su madre, exmaestra, lucha sola contra la precariedad del sistema de salud.
La labor se extiende a barrios donde niños sonríen en medio de la carencia. El religioso combina asistencia social con orientación espiritual y sostiene que su misión responde a un llamado personal.

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