Aumenta la preocupación sobre la seguridad de los edificios a un mes de los sismos
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A un mes de los terremotos que sacudieron la zona central de Venezuela, cada día se inspeccionan decenas de infraestructuras en búsqueda de daños que representen peligro para las personas. El Banco Mundial estimó en unos 19 500 millones de dólares los daños físicos directos, y sugirió una alianza pública y privada para afrontar la reconstrucción.
Golpear paredes y tumbar frisos para llegar a columnas y vigas es el paso fundamental para determinar si las consecuencias del doble sismo implican un desalojo completo de la estructura.
El gobierno de Delcy Rodríguez afirma que ya ha revisado más de 20 mil edificios. Lo hace con una metodología acordada con el gremio de ingenieros del país y aplicando un sistema que han llamado el semáforo: etiquetas de colores para determinar el estatus de una infraestructura.
Se aplica el color verde para aquellas con daño leve, pero seguras. Amarillo para afectaciones parciales en paredes o fachadas, por lo cual se restringe el acceso. Y rojo para los edificios colapsados o con daños graves, que no deben ser habitados.
“Después del amarillo y rojo, empieza a haber una segunda instancia de revisión que va a permitir un estudio más profundo que va a llevar a reparar con unas guías técnicas que se están dando”, precisó el ministro de Transporte Francisco Garcés.
En Catia, una populosa comunidad caraqueña, encontramos al ingeniero Rigel Sergent, de la comisión presidencial, evaluando varios edificios. Le ponía una etiqueta roja a uno de ellos, debido a la corrosión en sus columnas causadas por filtraciones previas, pero con daños acentuados por los terremotos.
“Decidimos que lleva etiqueta roja porque hay que apuntalar y hay que disminuir las cargas el uso de varios inmuebles, en especial en esta área”.
El trabajo gubernamental no se da abasto con las solicitudes. Todos quieren saber si el techo bajo el que duermen es seguro o no. Sí, las paredes que ven rotas pueden caer. Si en vez de entrar a sus casas deben seguir durmiendo en carpas a las afueras. Los vecinos viven con miedo. “¿Hay riesgo de que esa pared se vaya a caer? Porque mira cómo se movió aquí”, nos indicó una vecina. “Yo siento que cada día se mueve más”.
Otra vecina nos deja entrar a su casa. Nos señala la parte más afectada de su hogar. “Tiene grietas por todos lados”. Otra vecina revivió momentos después del temblor. “Había réplicas con las que eso se movía y eso me daba mucho terror”.
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Fuerza de los venezolanos
Ante la falta de atención y medios del gobierno para determinar el estado de las construcciones, grupos de la sociedad civil se han organizado para también hacer inspecciones preliminares, sin poner etiquetas pero sí brindando certezas a los vecinos.
“Yo soy ingeniero y busqué a algunos amigos que estudiaron conmigo y así empezó. Luego a través de redes sociales hicimos una convocatoria y se creó un voluntariado con más de 800 ingenieros”, nos contó Jesús Armas, director de la ONG Monitor Ciudad.
Por su parte, el Colegio de Ingenieros de Venezuela le ha dado herramientas a más de 4 mil voluntarios activos que han revisado más de 8 500 edificaciones, de las cuales el 12% fueron declaradas como colapsadas.
Las inspecciones en sitio develan un cúmulo de problemas: edificaciones con modificaciones informales, materiales antiguos o de poca calidad, materiales de poca calidad y estructuras pensadas para resolver viviendas y no para aguantar sismos; casi todas habitadas por personas afectadas por la pobreza estructural del país y caras largas cuando empiezan a calcular los costos de reparación.
Con información de AFP

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