Delcy Rodríguez quiere tener acceso a los recursos de Venezuela en el FMI ¿Qué tiene que hacer?
Se trata de unos 4.900 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro.
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La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, busca por todas las vías abrir el acceso al dinero que Venezuela tiene inmovilizado en el Fondo Monetario Internacional y que hoy no controla.
La suma es elevada: unos 4.900 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro, los activos de reserva del FMI., publicó el diario ABC.
Estos recursos están bloqueados de hecho desde que el organismo suspendió en 2019 sus relaciones con Caracas por la disputa sobre el reconocimiento del gobierno venezolano.
Se trata de una reserva que pertenece nominalmente a Venezuela, pero que seguirá fuera de su alcance mientras no cambie la posición de los países con mayor peso en el Fondo.
Y ahí Estados Unidos, primer accionista del FMI, conserva la mayor capacidad de influencia sobre cualquier giro en esas reservas.
Fuentes conocedoras de estos contactos dicen que Rodríguez envía una delegación diplomática y ha solicitado ser recibida ella misma en Washington para negociar, entre otras cosas, el acceso a esos fondos.
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Una futura visita a EE. UU.
La operación de una visita de Delcy no es solo económica. Es diplomática y pasa por Washington. No porque aquí esté la sede del FMI, sino porque es el país que más pesa dentro del organismo y el único con capacidad real para arrastrar a otros grandes accionistas hacia un cambio de criterio.
El Fondo no funciona con la lógica de un país con un voto, sino con poder de voto ponderado según cuota. Y el propio FMI ha dejado claro que, para decidir si reanuda su relación con Venezuela, se guía por «la mayoría del poder total de voto» de sus miembros. Estados Unidos es el actor decisivo, seguido por otros grandes accionistas como Japón, China, Alemania, Francia y Reino Unido.
Lista de la OFAC
El Tesoro de EE. UU. incluyó a Delcy en la lista de la OFAC en 2018. Eso implica congelación de cualquier activo bajo jurisdicción estadounidense, prohibición para ciudadanos y empresas norteamericanas de hacer transacciones con ella, y bloqueo financiero en la práctica a través del sistema internacional en dólares.
La clave para Delcy está en la posibilidad de construir una mayoría suficiente dentro del Fondo para aceptar una interlocución efectiva con las autoridades venezolanas.
Eso explica que el movimiento de Delcy apunte a convencer a quienes pueden mover el reconocimiento funcional, aunque no necesariamente político, del aparato económico del Estado venezolano. No se trata todavía de un aval pleno ni de una normalización inmediata, sino de abrir el camino que permita sentarse otra vez con el Fondo y reclamar acceso a esos recursos.
Relaciones suspendidas
El FMI dice a ABC por medio de un portavoz que «las relaciones regulares con Venezuela siguen suspendidas, como ocurre desde 2019». Eso significa, añade el organismo, que mientras esa suspensión siga vigente, «el Fondo no puede realizar supervisión ni proporcionar asistencia técnica o financiera» en el sentido ordinario. Pero asegura que trabaja para llevar a cabo «interacciones a nivel técnico con instituciones económicas venezolanas en su debido momento».
El Fondo, sin reconocer todavía una normalización, admite que está preparando contactos técnicos con instituciones económicas venezolanas. Y además define que serían actividades para obtener datos económicos básicos, inexistentes o no disponibles desde hace años, y reuniones o misiones de verificación compatibles con su estrategia para Estados frágiles o afectados por conflicto.
El propio FMI subraya que serían contactos limitados, de carácter factual, y que no deben interpretarse como una señal de reconocimiento ni como la reanudación de relaciones regulares con las autoridades. Pero el mero hecho de que esa posibilidad exista ya marca un giro respecto al bloqueo absoluto de los últimos años.
Reapertura financiera
Sin datos, sin interlocución y sin canal técnico, no hay manera para Delcy de preparar una eventual reapertura financiera. Con contactos técnicos, en cambio, empieza a existir un terreno común, ya que el Fondo recopila información, calibra el estado real de la economía y reconstruye una relación mínima de trabajo. Eso sienta la base burocrática y política para que el caso venezolano vuelva a ser tratado dentro del organismo.
La recompensa potencial para Delcy es enorme. Según los datos del propio Fondo, Venezuela mantiene una asignación de DEG equivalente a unos 4.900 millones de dólares.
En enero, la portavoz Julie Kozack afirmó públicamente que, una vez se reanuden los vínculos con Venezuela, las autoridades del país tendrían acceso a esos activos. Y precisó la condición central: en materia de reconocimiento de gobierno, el FMI se guía por «las opiniones de la comunidad internacional representadas por una mayoría del poder total de voto» de sus miembros. Es decir, el dinero no depende de una fórmula técnica automática, sino de una decisión política enmascarada en la gobernanza del Fondo.
Y para Delcy Rodríguez, acceder a esos recursos supondría mucho más que un balón de oxígeno contable. Le daría reservas, capacidad para reforzar el Banco Central, margen para sostener importaciones esenciales y una herramienta para contener presiones cambiarias e inflacionarias en un momento de enorme fragilidad. El FMI dijo en febrero que la situación económica y humanitaria de Venezuela sigue siendo «bastante frágil», con inflación en tres dígitos y depreciación rápida de la moneda.
Resultados concretos
También tendrían esos fondos un efecto político interno. No porque conviertan automáticamente a Delcy en una figura reconocida por el sistema internacional, sino porque le darían una victoria de gestión y un instrumento de estabilización en un momento crítico. El acceso a los DEG serviría para demostrar que el nuevo equilibrio de poder venezolano puede traducirse en resultados concretos ante organismos multilaterales. Y en una economía exhausta, la capacidad de obtener liquidez exterior vale tanto como un gesto diplomático.
Por eso la misión diplomática que Delcy necesita y por la que trabaja no es una gira simbólica. Es una operación dirigida al núcleo que decide en el Fondo. Hablar con Washington no significa solo hablar con la Casa Blanca o el Tesoro. Significa hablar con el actor que tiene capacidad de convencimiento sobre los europeos y sobre el propio ritmo institucional del FMI.
La pregunta no es si Delcy quiere ese dinero. Eso está fuera de duda. La pregunta es si conseguirá construir, directa o indirectamente, la mayoría política que permita convertir una reserva inmovilizada en poder disponible, y de momento parece tener aliados en la Casa Blanca para ello.
Con información de ABC

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