VIRUS ANDES: el hantaviris que vive en Argentina y se puede propagar entre humanos
La característica biológica (del virus Andes) es que se adapta a la célula humana, por eso se puede transmitir”.
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Entre los varios hantavirus que circulan en Argentina, país desde donde zarpó el crucero que registra cinco infecciones confirmadas y tres casos bajo sospecha de la enfermedad, es el virus Andes el que protagoniza el brote de la nave, según confirmó la OMS, y tiene la excepcional particularidad de ser transmisible entre humanos.
“Es el único de toda la familia de virus hantavirus que tiene documentado desde hace muchos años desde Argentina con transmisión interhumana”, dijo a CNN Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología.
La mayoría de infecciones se producen principalmente por inhalación de aerosoles cargados de partículas virales provenientes de las heces, orina y saliva de roedores infectados, pero desde los años noventa hay estudios en el país sudamericano sobre la posibilidad de contagio de persona a persona.
A fines de 2018, un brote con decenas de infectados a raíz de un evento social y que dejó 11 muertos proporcionó la evidencia más concreta sobre esa hipótesis.
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Una cepa agresiva
“La característica biológica (del virus Andes) es que se adapta a la célula humana, por eso se puede transmitir”, indicó a CNN Ricardo Teijeiro, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, quien aclaró que el contagio “no es tan fácil” como en las enfermedades respiratorias.
Teijeiro explicó que entre las distintas cepas de hantavirus (como las variantes Lechiguanas, Orán y Buenos Aires) “hay algunas que son más agresivas que otras”, con variaciones en su genotipo. En el caso del virus Andes, destacó: “No solo la posibilidad de contagio, es una cepa sumamente agresiva. Estamos hablando de un 30 % de mortalidad. Todo lo que es hantavirus tiene un alto porcentaje, pero el virus Andes se diferencia por ser un poco más agresivo”.
El infectólogo subrayó que no hay una medicación ni vacuna contra el hantavirus, por lo que “es fundamental atender lo antes posible” a los casos sospechosos de un cuadro de síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
Al respecto, Debbag apuntó que las otras cepas de hantavirus tienen entre 20 y 40 por ciento de mortalidad y explicó que esas cifras no son del todo comparables, ya que “depende de dónde aparecen, las condiciones sanitarias y la (rapidez de) atención”.
Esos factores han sido clave en el brote del crucero MV Hondius, explicó el especialista. “La mortalidad baja si se cuenta con una buena terapia intensiva. Si estoy en un crucero y no tengo buena atención, en un brote generalmente los primeros (infectados) se mueren, porque no están alertas de lo que pueden tener, y no tienen las condiciones de tratamiento”, dijo. A ello se suman las comorbilidades que pueda tener cada paciente, la edad u otros cuadros que afecten los mecanismos de defensa del organismo.
La cuestión geográfica
El virus Andes tiene presencia en el sur de Argentina y Chile. Las condiciones climatológicas o geográficas no tienen relación directa con el virus, sino con su vector, los roedores, principalmente un tipo de ratón colilargo. “Donde esté el hábitat para que se desarrolle el ratón, el virus se presenta de forma crónica. No lo mata, sino que sigue eliminando el virus” a través de la orina y las heces, explicó Teijeiro.
Debbag explicó que hay condiciones ambientales que pueden facilitar las infecciones y pueden estar ligadas a actividades turísticas o recreativas. “Es más claro cuando uno va a una cabaña en el sur (de Argentina), que ha estado cerrada por mucho tiempo. Si es un lugar de hábitat de hantavirus, ese cierre puede estar muy contaminado de heces y orina (de ratones), con una gran carga viral”, comentó.
En ese sentido, subrayó la necesidad de saber dónde estuvieron antes los primeros pasajeros que cayeron enfermos. La provincia de Tierra del Fuego, donde está el puerto de Ushuaia, no registró ningún caso desde que la enfermedad se incorporó a los eventos de notificación obligatoria en 1996. El virus circula en provincias patagónicas como Neuquén, Río Negro y Chubut.
“Si (el primer pasajero infectado) hizo un vuelo directo de Buenos Aires a Ushuaia, hay que ver si el foco está en el crucero. Si no circuló por ningún lado y subió al barco, como en (la provincia de) Tierra del Fuego no está el vector, el paciente no tuvo probabilidad de contagiarse. Pero el barco puede tener roedores, ese dato es crucial”, resaltó Debbag.
¿Cuándo fue descubierto?
En 1995, un brote familiar en El Bolsón, Río Negro, causó dos decesos por una enfermedad respiratoria que los médicos no lograban identificar.
Los tejidos de autopsia de uno de los fallecidos llegaron al laboratorio del Instituto ANLIS/Malbrán, donde un equipo liderado por las científicas Nora López y Paula Padula analizó el material genético del virus. Así, determinaron que el patógeno no era ninguno de los hantavirus conocidos hasta ese momento.
Este vector era nuevo, con un perfil genético propio, al que denominaron virus Andes. El hallazgo, publicado en la revista Virology en 1996, fue la primera identificación genética de un hantavirus en toda América del Sur.
Más adelante, la doctora Padula y colegas publicaron el análisis de un brote que había ocurrido en El Bolsón y Bariloche en 1996. Allí confirmaron que la transmisión de la cepa Andes entre humanos era posible. Posteriormente, se registraron otros casos en 2014 y 2018.
Cuadro clínico de la cepa Andes
La cepa Andes provoca el síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad que comienza con fiebre, dolores musculares y fatiga, y puede progresar en días hacia una insuficiencia respiratoria aguda con alta probabilidad de mortalidad.
Actualmente, no existe ninguna vacuna aprobada contra el virus Andes ni un tratamiento antiviral específico para el síndrome pulmonar por hantavirus. El manejo de los pacientes es de soporte: ventilación mecánica, estabilización hemodinámica y, en los casos más graves, oxigenación por membrana extracorpórea.
No obstante, existen candidatos vacunales en desarrollo, como una vacuna de ADN que completó una fase 1 con resultados seguros e inmunogénicos, y una vacuna de ARNm desarrollada por la Universidad de Texas mostró resultados prometedores en modelos animales, ambas publicadas en 2024.
Este año, los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. incluyeron a la cepa Andes entre los patógenos sin vacuna ni tratamiento aprobado y de mayor preocupación pandémica, lo que aceleró el interés científico por encontrar una respuesta terapéutica.

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